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El presidente Sánchez en Naciones Unidas

El presidente Sánchez en Naciones Unidas 1

Nueva York. 1946. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas – en uno de sus primeros encuentros tras la creación de la ONU en 1945 – se reúne en sesión extraordinaria, a petición de Polonia, el país cuya invasión dio inicio a la 2ª Guerra Mundial, con un único punto en el orden del día: “La cuestión de España”. Tras una durísima ronda de intervenciones contra el gobierno instalado desde 1939 en Madrid  – se llega a plantear una intervención militar en España para restaurar la República – se aprueba, con diez votos a favor y una única abstención, la Resolución número 4 que será seguida en junio de la número 7, en las que se cataloga a España como una “amenaza para la Paz y la Seguridad internacionales”. En diciembre de 1946, a solicitud del Consejo de Seguridad, la Asamblea General de Naciones Unidas -donde están representados todos los estados miembros –  examina la situación y acuerda por abrumadora mayoría la Resolución 39, que expresa textualmente “En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini”. La hostilidad reinante era tal, que el idioma español a pesar de las reiteradas solicitudes de los países hispanoamericanos solamente fue incluido como una lengua oficial de ONU – sus oponentes argüían que podría dar aliento al régimen franquista –  después de una intervención de buenos oficios de la República de Filipinas ante Estados Unidos. Esta era la infame imagen (ampliamente justificada) de la España franquista en el mundo al crearse las Naciones Unidas donde no fue admitida – entre reticencias y salvaguardas – hasta bien entrado 1955.

Nueva York. 2020. Al cumplirse el 75º aniversario de la creación de las Naciones Unidas, Pedro Sánchez interviene – por videoconferencia ante la epidemia de COVID-19 – ante la Asamblea General con un firme y aplaudido discurso a favor de los derechos humanos, el feminismo, la lucha contra el Cambio Climático y defendiendo una respuesta solidaria global frente al coronavirus. La España de 2020 es sin duda – a diferencia abismal de 1946 – un país respetado y un socio confiable en el seno de la comunidad internacional por sus incuestionables valores democráticos y su decidido compromiso con la Paz.

España – la 12ª potencia económica mundial, la cuarta economía de la Unión Europea y la líder de una Comunidad Iberoamericana con mas de 700 millones de ciudadanos – tiene mucho que decir ahora sobre el presente y el futuro de la principal organización multilateral mundial. La excelente sintonía personal entre Antonio Guterres, actual Secretario General de la ONU – en su día primer ministro socialista de Portugal (1995-2002) – con el presidente Pedro Sánchez ha contribuido también a la creciente influencia en la escena internacional de la diplomacia española.

Madrid ha promovido importantes encuentros durante este 75º aniversario en la sede de Naciones Unidas como el “Pacto para los Refugiados en Centroamérica/México” – con un papel muy destacado de la AECID, la agencia española de cooperación internacional -, el Grupo de Países Amigos de las Víctimas del Terrorismo” o la reunión ministerial de la Alianza de Civilizaciones, que de la mano de su nuevo Alto Representante, el exministro español Miguel Ángel Moratinos, está adquiriendo un nuevo impulso.

Sánchez ha desplegado una amplia agenda internacional para recuperar los espacios que como consecuencia de la crisis financiera de 2008 – agravada con la inestabilidad institucional y la repetición de elecciones – nuestro país había ido cediendo en la escena global. Tras los destacados logros en el seno de la Unión Europea – donde Madrid se ha unido a Berlín y París en la gobernanza de la UE postBrexit – y la recuperación de la interlocución con las capitales iberoamericanas la diplomacia española ha vuelto a liderar iniciativas en otras zonas geográficas: desde la Asociación Euromediterránea con la próxima celebración del 25ª aniversario del Proceso de Barcelona a una relación renovada con China y la Unión Africana. El éxito alcanzado al situar a Josep Borrell como vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Responsable de Política Exterior ha fortalecido la autoridad de España en diferentes crisis internacionales en los últimos meses, desde Bolivia a Líbano.

La diplomacia española aspira desde hace décadas a su incorporación al Consejo de Seguridad – el corazón de las Naciones Unidas – en reconocimiento a su peso e influencia en el concierto internacional. España ya ocupa por derecho propio una silla permanente en el G-20 y varias veces se ha planteado la posibilidad de su incorporación a un G-8 ampliado – donde se encuentran Canadá o Italia con economías ligeramente superiores a la española -. Brasil, India y Sudáfrica emitieron este septiembre una declaración conjunta urgiendo la reforma y ampliación “sin dilaciones” del Consejo de Seguridad de la ONU.

La ultima propuesta desde Iberoamérica fue presentada en 2019 en Nueva York por una delegación del Parlamento Centroamericano – a la que tuve el placer de acompañar – al Secretario General Antonio Guterres y abogaba por la incorporación de España y México, entre otras naciones, como nuevos miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El planteamiento emitido desde Centroamérica y Caribe – una región con mas de 20 estados miembros – manifestaba que Iberoamérica, como uno de los principales bloques geopolíticos, requiere una presencia permanente en el Consejo de Seguridad.

España podría lograr en la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno – que se reunirá el 21 y 22 de abril en el Principado de Andorra – sumar respaldos y voluntades a esta aspiración tradicional de nuestra diplomacia. México – Presidencia 2020/2021 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – y miembro no permanente del Consejo de Seguridad para el periodo 2021-2022 puede ser un valioso aliado en esta batalla para lograr que Iberoamérica tenga una representación acorde con su creciente peso demográfico, económico y político en el planeta. Sin duda es la hora de que España vea reconocido su firme compromiso multilateral y liderazgo global con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

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